Los ojos de Alferrad se encontraban fijos a los rostros de los viejos Luniere que lo juzgaban, no sabia como se enteraron de que el abrió la puerta siendo que había llegado hace apenas unos segundo junto a quienes lo encontraron. Miro con atención a los 4 Clerios que lo habían acompañado al juzgado y estos bajaron la mirada con indignación: – ¡¿Qué significa esa actitud?!- era lo único que se repetía en el inconciente de Alferrad mientras los jueces le hablaban de lo “inapropiado” de sus actos.
Con fuerza Alferrad alzo la voz y dando un golpe a una mesa cercana ha el dijo:
-¡¿Que clase de hipocresía es esta, cómo diablos sabían que estaba ahí si acabo de llegar a este lugar junto a mis captores?!-
Los jueces sin siquiera darle importancia dijeron:
-No eres nadie para cuestionar nuestro poder y autoridad, ni menos para preguntar como nos enteramos de algo, hoy por hoy sabemos todos los presentes lo que hiciste y esa es tú falta, por la cual serás castigado.-
Con orgullosa postura los jueces se prepararon a dictar el castigo, pero en ese instante Alferrad empuja a uno de los clerios y se dirige a donde están los jueces. De la nada 5 Siletos se lanzaron sobre el y lo tomaron de brazos y piernas evitando que se moviese, pero en ese ángulo Alferrad vio algo que lo paralizo, uno de los jueces no tenia ni la esencia ni la mirada de un Luniere y de sus manos blancos hilos salían hacia el resto de los jueces.
-¿Qué demonios es eso?- Era lo que la mente de Alferrad pensaba mientras miraba a este ser el cual por alguna razón no tenia la esencia de los Luniere. Con miedo gritando le dice a los otros Siletos que miren a ese ser tan extraño, pero estos nada hacen y mas aun, se ríen en su rostro pensando que era una escusa.
Bruscamente Alferrad se suelta y corre desesperadamente por el templo, sin entender nada de lo que estaba pasando, creía que la paranoia lo invadía pero también sabia que no estaba loco como para ello, es así cuando sin darse cuenta llega a la puerta la cual aun tiene su espada en la ranura.
Sin tener otro lugar donde ocultarse y pese al riesgo de morir quemado, Alferrad rápidamente abre la puerta pero para su sorpresa esta vez no fueron flamas lo que salieron del interior, sino que una intensa luz y una silueta que se acercaba a el.
Cada vez las cosas eran más raras para Alferrad y no entendía nada de lo que estaba pasando, su tranquila y soñadora vida de la nada se transformo en un gran rompecabezas.

-¿Qué hay detrás de estas puertas para que usen medidas como esta?- pensó tranquilamente, mientras notaba el daño que el templo había recibido. En ese instante noto que unos pasos se escuchaban dentro del templo, al parecer los Luniere habían vuelto de su descanso para seguir sus labores. Alferrad sabia que correr seria inútil, así que se quedo sentado, pensando en como justificaría el dejar su puesto y más aun, el abrir las puertas prohibidas del templo.
A decir verdad Alferrad resistió menos de medio segundo para ir a las puertas del templo y dirigirse a la habitación más lejana de este, donde tenían prohibido entrar. “Era de esperarse que algo prohibido escondiera muchas respuestas y que incluso me dijera la forma de llegar al planeta azul”; pensó emocionado Alferrad, quien a cada segundo corría mas rápidamente por las ansias que lo devoraban. Al final de un extenso corredor, cuyas paredes construidas en cristal y rocas lunares brillaban más que la misma Luna llena, encontró una puerta, cuya cerradura tenia la forma de la espada que Alferrad portaba, parecía una coincidencia, cosa la cual no le importo, estaba demasiado ansioso para pensar en eso, así que sin dudarlo, puso su espada en la cerradura y abrió la puerta.